CALIDAD Y COMPETITIVIDAD CON SISTEMAS DE CALIDAD CON BASE EN LA ISO 9000 Parte I
Uno de los temas más frecuentes de discusión entre empresarios, consultores y autoridades paraguayas y latinoamericanas, en general, es el de la competitividad de las empresas. Diversas recomendaciones se han recibido de los expertos internacionales y nacionales, muchas empresas han tratado de seguirlas con grado variable de éxito. Sin embargo, hasta hace poco tiempo, la carencia de datos fehacientes para realizar comparaciones ha dificultado la definición de cuál sería la manera más apropiada de lograr la tan deseada competitividad.
En los últimos diez años, no obstante, la estrecha relación entre competitividad y calidad ha parecido quedar establecida, pero los estudios e investigaciones no arrojan observaciones conclusivas sobre en cuales condiciones esta relación es mutuamente provechosa de manera a trazar estrategias concretas para el aumento de
Con el objetivo de investigar y comprobar esa relación es necesario analizar ambos conceptos y verificar algunas referencias internacionales para ver si ésta es válida y definir la manera de diseñar una estrategia para su aplicación en las empresas paraguayas.
Competitividad.
El concepto de competitividad, desde el punto de vista microeconómico[1], se basa en que la estrategia de la empresa se dirige a obtener resultados que se expresan en sus ventas, lo que determina su participación en él o los mercados en que participa. Cuando la tendencia de participación se estabiliza a mediano plazo, se puede considerar que la empresa es competitiva en relación tanto con otras empresas como con los potenciales nuevos participantes del mercado y aquellas de bienes o servicios substitutos.
Desde la década de 1980, Porter[2] influenció el pensamiento de toda una generación de consultores, académicos y empresarios. Los conceptos de las cinco fuerzas del mercado (competencia actual, nuevos ingresos, productos substitutivos, poder económico de los clientes y poder económico de los proveedores) y el de las tres estrategias competitivas básicas (liderazgo general en costos, diferenciación y enfoque o alta segmentación) fueron ampliamente utilizados por los que elaboraron las estrategias empresariales desde ese entonces.
El esquema original de las cinco fuerzas, fue incrementado con un reagrupamiento e introducción de cinco más. a mediados de los años 90, por la escuela europea del pensamiento empresarial que introdujo aspectos del entorno antes simplificados o ignorados por Porter. Para la escuela europea las fuerzas, además de la Competencia actual, se clasifican en dos grupos:
Esta nueva configuración de las fuerzas competitivas indicó la necesidad de crear y aplicar estrategias más amplias y complejas que anteriormente, el poder e influencia de los Agentes Frontera es tan serio cuanto la amenaza representada por los competidores actuales y la competencia potencial.
Satisfacer las exigencias de los propietarios, del poder público y de la sociedad puede ser tan arduo como disputar en los mercados con desconocidos inesperados. Este conjunto de fuerzas constituye un complejo problema a resolver con estrategias flexibles y no apenas con la introducción de nuevos productos apoyados con intensa actividad de marketing y una sólida gestión financiera.
[1] “Hacia una agenda nacional del paraguay para la competitividad, elementos de diagnóstico y propuestas de política pública”, Víctor M. Godínez, Programa de cooperación técnica del B. I. D. ATN/SF – 5888 – PR, Agosto 30, 2001.
[2] Estrategia Competitiva”, Michael Porter, Editora Fronteira, Rio de Janeiro, 1990